Los dirigentes rusos ambicionan una revancha después de la aplastante derrota de la URSS en la “guerra fría•. Kremlin no puede aceptar su estatus de un país secundario en el mundo multipolar y busca establecer un "nuevo orden mundial".

La naturaleza ilusoria de tales expectativas es obvia. Los analistas ven la pérdida  irremediable de Moscú a pesar de la riqueza natural significativa. La economía débil no le permite competir con las potencias mundiales, en primer lugar con los Estados Unidos y China.

Después de todo, actualmente en Rusia no hay una visión única en cuanto a su futuro. Los defensores del liberalismo no están de acuerdo con la política oficial que provocó las sanciones estadounidenses y europeas afectando los intereses de los oligarcas. Los sucesores del bolchevismo, que pusieron los problemas sociales a la vanguardia, reaccionaron negativamente a la reforma del gobierno que aumenta la edad de jubilación. Entonces resulta que en Rusia actual los euroasiáticos están avanzando en busca de una firme alianza con China.

De ello se desprende el deseo de unir a China y Rusia en una "Nueva Horda" que no pertenece a la civilización occidental. El analista de Moscú Andrei Devyatov escribe sobre el futuro de esa "familia": "La Nueva Horda se convertirá en una gran unión euroasiática en torno a la República Popular de China".

En su opinión, la "Primera Horda" era el imperio de Genghis Khan. La “Segunda Horda” se identifica con las conquistas de Stalin en la Segunda Guerra Mundial. Es apropiado agregarle satélites de posguerra de Moscú en el Sudeste Asiático. En este caso, su territorio coincide completamente con el territorio del imperio de Genghis Khan.

Finalmente, la “Tercera Horda” actual cubre los países de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). La organización, fundada en 2001, incluye a India, Kazajstán, Kirguistán, China, Pakistán, Rusia, Tadzhikistán y Uzbekistán.

Los investigadores imparciales interpretan esta asociación como un club de discusión porque está dominada por una cooperación bilateral. Al final, el carácter abigarrado de una organización de este tipo y los diferentes intereses políticos no pueden evidenciar su viabilidad.  Por lo tanto es muy dudoso que dentro de la OCS la Federación Rusa pudiera establecerse como el núcleo de Eurasia.

Aunque el analista antes mencionado espera que Rusia establezca un "nuevo orden mundial" junto con China, las tendencias del desarrollo internacional y del  de Rusia no confirman tales pronósticos. En términos de desarrollo económico, Rusia es igual a la República Checa o Finlandia, sin mencionar las esferas sociales y culturales atrasadas a pesar de los logros pasados a expensas de los pueblos subyugados.

Además, no está claro cómo Rusia de Putin puede convertirse en un modelo para otros. Después de todo, es un país de “única primera persona" cuyas actividades son incompatibles con los fundamentos democráticos de la gobernabilidad en un mundo civilizado, porque su voluntad está por encima de la ley estatal y la internacional.

Por supuesto, surge la pregunta: ¿cómo puede existir tal "nuevo orden mundial" en el siglo XXI? No es ningún secreto que la "primera persona" actual de Rusia cambió radicalmente sus opiniones sobre Ucrania: reconoció primero la inviolabilidad de las fronteras ucranianas y más tarde llamó a nuestro país "noestado"; contraponía el pueblo ucraniano a la "junta de Kyiv", ocupó una parte de nuestro territorio y no reacciona a la condena mundial. Finalmente, tal "persona" se niega a reconocer sin ningun motivo los tratados internacionales firmados por su antecesor y aprobados de acuerdo con las normas legales internacionales. En otras palabras, el "nuevo orden mundial" según el molde de Moscú no será sino un bacanal global, la arbitrariedad de la "primera persona" sentada en Kremlin.

Es decir, Rusia, actuando de acuerdo con los métodos de Horda para abordar los asuntos internacionales  reconoce no a la fuerza de la ley sino al derecho de la fuerza bruta.
Cómo no preguntar aquí:¡¿ dónde está ahora el "Tercer Reich" ?!